A siete años de un suceso, el suceso ya es otro.
Se apostó una cena con los amigos a que llamaba Cojoncio al hijo, y ganó la apuesta. El día del bautizo del niño, su padre, don Estanislao Alba, y sus amigos engancharon una borrachera tremenda. Daban mueras al Rey y vivas a la República Federal. La pobre
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Yo soy, como buen español, pedorro domiciliario.
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La más noble función de un escritor es dar testimonio, como acta notarial y como fiel cronista, del tiempo que le ha tocado vivir.
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La muerte es de una vulgaridad absoluta; todos los nacidos terminan pasando por ella.