No temas al otoño, si ha venido. Aunque caiga la flor, queda la rama. La rama queda para hacer el nido.
Sed, pues, conscientes poseedores de la fuerza bendita que lleváis dentro de vosotros mismos.
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La noche...Tus ojos...Un poco de Schumann...Y mis manos llenas de tu corazón.
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Todo el jardín cantaba para ti, perfumaba, florecía, loco de lirios que ansiaban derramarse a tus pies.
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Cuánto y cuánto te quiero, mi dulzura lejana. No hago ni he hecho más que recordarte y padecer con tu ausencia, y así será, querido amor, hasta que vuelta a verte. ¿Cuando?