Amemos a Dios, hermanos míos, amemos a Dios, pero que ésto sea a costa de nuestros brazos, que esto sea con el sudor de nuestros rostros.
Señor si tú, estuvieras en mi lugar, ¿que harías en esta oración?
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El ruido no hace bien; el bien no hace ruido
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Después del soberano amor de Dios, la segunda cosa que Dios les pide, es que se amen mutuamente como hermanas que Él unió con lazos de su amor
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La perfección no consiste en la multitud de cosas hechas, sino en el hecho de estar bien hechas.