Eran verdes como un mar, con reflejos de alto cielo. ¡Qué bien sabían mirar! Unos ojos que recuerdo.
Se repartió mi alma para formar tu alma. Y fueron nueve lunas y fue toda una angustia de días sin reposo y noches desveladas.
Imágenes
Más de Concha Méndez
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Y si miro hacia la sombra donde la luz se deshace, temo también deshacerme y entre la sombra quedarme confundida para siempre.
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Como un último retrato, en nuestros ojos impresas lucirán nuestras miradas.
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Tan sola no me has dejado, que estoy conmigo y me basta, igual que siempre lo he estado.