Acuérdate de esto: cumplir el deber no tiene más mérito que lavarse la cara. No basta cumplirlo, pues el deber se impone. La única cosa que vale es amarlo.
Si el amor y el deber se encuentran, empieza el estado de gracia y se llega a una felicidad que es muy difícil imaginar.
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En tiempos de hipocresía, cualquier sinceridad parece cinismo
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El amor platónico es como un revolver que manejamos sin darnos cuenta de que, como está cargado, en cualquier momento puede dispararse.
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Tres clases hay de ignorantes: no saber lo que debiera saberse, saber mal lo que se sabe, y saber lo que no debiera saberse.