Ello es, Horacio, que en el cielo y en la tierra hay más de lo que puede soñar tu filosofía.
Si pudiera exaltar tus bellos ojos y en frescos versos detallar sus gracias, diría el porvenir: Miente el poeta, rasgos divinos son, no terrenales.
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Antes que nada ser verídico para contigo mismo. Y así, tan cierto como que la noche sigue al día, hallarás que no puedes mentir a nadie.
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Asume una virtud si no la tienes.
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Con el cebo de la mentira se pesca una carpa de verdad.