Para descender en nosotros mismos, no es necesario elevarnos primero.
Solamente el hombre religioso es siempre el mismo. Porque su dios no cambia.Es preciso considerar el pasado con respeto y el presente con desconfianza si se pretende asegurar el porvenir.
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El azar es casi siempre favorable al hombre prudente.
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El dinero es un estiércol estupendo como abono, lo malo es que muchos lo toman por la cosecha.
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La ternura es el reposo de la pasión.