Amar no es renunciar a la propia libertad, es darle un sentido.
Soñamos con un ideal, rezamos por él, lo llamamos, lo acechamos, y luego, el día en que se esboza, descubrimos el miedo de vivirlo, el de no estar a la altura de los propios sueños.
Soñamos con un ideal, rezamos por él, lo llamamos, lo acechamos, y luego, el día en que se esboza, descubrimos el miedo de vivirlo, el de no estar a la altura de los propios sueños.