Pareciera, en efecto, que las masas se equivocan y los individuos siempre tienen razón.
Soy responsable de ellos. Dependen de mí. Son mis hijos. Debo hacer todo cuanto esté en mi mano para evitar las incontables calamidades que los acechan.
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Toda la fuerza de las páginas de demostración que siguen procede del hecho de que la historia es enteramente verdadera, ya que me la he inventado yo de cabo a rabo.