Arremetió hacia arriba, animado por el autoaborrecimiento. Y entonces – vieja alquimia del cerebro y de su inmensa farmacópea – el odio fluyó hacia sus manos. Justo antes de enterrar el aguijón del Kuang en la base de la primera torre, alcanzó un nivel de
Supongo que no tengo prisa. Supongo que es tu espectáculo. Pero toda esta mierda, ¿Sabes?, se está haciendo un poco...Vieja. -Levantó el arma con ambas manos, apuntando al centro del escritorio, y apretó el gatillo.
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Sólo en determinados estados de ánimo, un individuo ... llegaría a conocer los aspectos más dolorosos de la autoconciencia.