¡No! ¡Viva la inteligencia! ¡Mueran los malos intelectuales!
Sus palabras son casi hechos, sus gestos son casi acciones, ¿cabe elocuencia más alta y más perfecta? Como que ésta es la fórmula misma de la elocuencia de Dios, cuyas palabras, según los teólogos, obran lo mismo que dicen.
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La gran lección de España fue quedarse sentada sobre las piedras y las tumbas y estarse allí a solas con Dios .