... Escuchame por favor... he vivido una vida. Deja de hacer todo solo, por favor. No has escuchado a nadie desde que tuviste cuatro años y te fuiste al jardín de infantes a conquistar el mundo. Tenías cuatro años y medio y creías ser el presidente de la
Sus pechos nadaron hacia mí como dos peces de morro rosado, y Brenda me permitió sostenerlos. Luego, en un instante, fue el sol quien nos besaba a ambos y ya estábamos fuera del agua, demasiado satisfechos mutuamente como para sonreír.
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En fin, ¿Cómo vas a llenar el vacío de la indignación?
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Había aprendido la peor de las lecciones que puede dar la vida: la de que carece de sentido.
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Y ser un viejo es lo mismo..., eres igual que esa chica fea, estás en el rincón del baile.