Tuve la suerte de salir vivo de una de las épocas más terribles del automovilismo.
Correr contra Clark era ciento por ciento seguro.
Brabham no era un hombre fácil de pasar. No lo critico, hacía su negocio.
Jim Clark vivía para correr. Yo corro para vivir.
'¿Tu papá es piloto? ¿Cuándo se va a matar?', le preguntaban a mis hijos en la escuela.