Arremetió hacia arriba, animado por el autoaborrecimiento. Y entonces – vieja alquimia del cerebro y de su inmensa farmacópea – el odio fluyó hacia sus manos. Justo antes de enterrar el aguijón del Kuang en la base de la primera torre, alcanzó un nivel de
Tuve que sonreír. Que el finlandés te diera algo por una miseria era como si Dios revocase la ley de gravedad cuando tienes que cargar una maleta pesada por un corredor de aeropuerto de diez manzanas de largo.
Imágenes
Más de William Gibson
-
-
Para invocar un demonio necesitas saber que nombre tiene.
-
Los sueños crecen como hielo lento.
-
Sólo en determinados estados de ánimo, un individuo ... llegaría a conocer los aspectos más dolorosos de la autoconciencia.