Creer que si todos los deseos fuesen satisfechos todo iría mejor, es la gran equivocación, el error original del hombre que piensa. Pues la verdad es exactamente contraria a esta creencia.
Una carta es siempre sagrada, porque es o porque puede ser la expresión de la intimidad de unos instantes de nuestra alma, cuya fugacidad se confía a la lealtad del que la recibe.
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Cuanto más creativo es un hombre, más rutinario es en los detalles insignificantes de la vida. Sólo una cosa les exige: que no detenga su atención.
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El ser y el hacer coinciden. Nadie refleja perfectamente su alma en su acción y, por lo mismo, es grosero juzgar a un hombre por lo que hace.
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La realización del sentido propio, lo más profundo posible, pero siempre personal, es la sola meta de toda vida individual.