Arremetió hacia arriba, animado por el autoaborrecimiento. Y entonces – vieja alquimia del cerebro y de su inmensa farmacópea – el odio fluyó hacia sus manos. Justo antes de enterrar el aguijón del Kuang en la base de la primera torre, alcanzó un nivel de
Una cuarta parte de la longitud de la curva de la bahía los separaba de las paredes del hotel en ruinas. Aquí la corriente era más fuerte, cada ola que rompía, una detonación.
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Sólo en determinados estados de ánimo, un individuo ... llegaría a conocer los aspectos más dolorosos de la autoconciencia.