Un día, aunque el amor sea el hermano implacable de la lluvia, de mi casa a tus ojos no habrá naufragios.
Uno de mis errores fue creer que todos éramos hermanos.
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El corazón sabe algo más porque me duele.
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Mi casa se puebla de arlequines cuando hay ruido de besos en el aire.
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Se derrama el misterio como un papel ajado, atropellando nuestro circo de asombro, todo el esperar castillos y brujas para salirnos del cuerpo como buscando los ángeles, los barriletes huidos, esos interminables bosques de lobos y caperuzas, esas casas de