Allí donde Dios tiene un templo, el demonio suele levantar una capilla.
Uno no se enamoró nunca, y ése fue su infierno. Otro sí, y ésa fue su condena.
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La principal causa de la melancolía es el ocio; no hay mejor remedio que la actividad.
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Nada más peligroso para los hombres comunes que la flatulencia de los monarcas.
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Por nuestra ignorancia no sabemos las cosas necesarias; por el error las sabemos mal.