¿Te has inclinado a veces para tocar la tierra donde el musgo defiende las flores más pequeñas?
Voy con el agua entera llena de pechos vivos y rumores; la mansa, la viajera de los largos temblores, la de los infinitos ruiseñores.
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Ahora que oyes tu sangre me has oído.
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Todos esperan, convocados por un silencio de campanas; todos esperan, sombra a sombra, que por sus ojos hable el alba.
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Quisiera abrir mis venas para buscar tus rastros.