Arremetió hacia arriba, animado por el autoaborrecimiento. Y entonces – vieja alquimia del cerebro y de su inmensa farmacópea – el odio fluyó hacia sus manos. Justo antes de enterrar el aguijón del Kuang en la base de la primera torre, alcanzó un nivel de
Y allí quedé inmóvil, agazapado en el olor de plastique de los pernos, pues fue entonces cuando el Miedo me encontró, cuando me encontró de verdad, por primera vez.
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Sólo en determinados estados de ánimo, un individuo ... llegaría a conocer los aspectos más dolorosos de la autoconciencia.