Con la pena extrema uno también puede sentirse bien. Lo peor, tal como pensaba Máximo, son los estados intermedios, los entreactos, el aburrimiento, los domingos que se eternizan.
Y dicen que pienso en lo escasamente saludable que a la larga fue publicar libros y haberlo hecho en gran parte para tener cierta fama y luego poder administrarla como un buen burgués y acabar diciendo banalidades en periódicos y revistas, incapaz de ser
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La vida, a la hora de destrozarnos, tiene la terca paciencia de la marea.
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Dejadla tranquila, ella se marchará como vino .
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Creo que suelo entenderlo todo excepto lo más simple.