Tu espíritu amanece maravillosamente; Su luz entra en mi alma como el sol á un vergel...
Y ofrendé al nuevo dios mi corazón que abría como una flor de sangre de amor y de armonía. ¡Y le adoré con ansias y le adoré con llanto!
Imágenes
Más de Delmira Agustini
-
-
¿Acaso importa que adorne el ala lo que oprime el vuelo?
-
¡Es tan divino quererse mucho, mucho y por toda la vida! Me parece que es toda la felicidad de la tierra.
-
Para morir como su ley impone, el mar no quiere diques, ¡Quiere playas!