Toda la noche nos la pasamos llorando y bebiendo, y pude decirte borracho las cosas que me bullían del corazón, palabras impresionantes, símiles ingeniosos, porque llorabas por otro tipo y no oías nada de lo que te decía, pero yo me oía a mí mismo, y Artu
Yo no cabía en mí de satisfacción, presa de una alegría extraña. Me sentía relajado. El mundo estaba lleno de gente la mar de divertida. El barman delgado echó una mirada en mi dirección y le hice un guiño de complicidad amistosa. Cabeceó con ademán de co
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He deseado a mujeres cuyos solos zapatos valen cuanto he tenido en toda mi vida.
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Eres un cobarde, Bandini, un traidor a tu propia alma.
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¿Resucitan los muertos? Los libros dicen que no, la noche grita que sí.