Los diamantes son la luz blanca de Dios
Y yo, que en la fabulosa tierra de la que acababa de regresar había contemplado una luz celestial infinitamente más portentosa, anhelé que él la eclipsara para siempre.
Imágenes
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Dios, no me hagas pensar en Dios. Sé mi Dios
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¿Cómo es posible, que tanta belleza oculte un corazón duro y lacerado? ¿Por qué le amo, por qué me apoyo, cansado, en su irresistible e indómita fortaleza? ¿Acaso no es el espíritu marchito y fúnebre de un hombre muerto vestido con la ropa de un niño?
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Permaneced junto a mí, hermosas estrellas -rogué-, y no permitáis que trate de descifrar esta fusión de luz y sonido, haced que me rinda a él de forma plena e incondicional.