Al trabajo de la tierra. El hombre que preguntó por el camino desapareció.
Frases célebres sobre: aba. [Página 300]
Hay un total de 6731 freses célebres sobre "aba" este sitio web. [Página 300]
-
-
Al trabajo en el campo la nube que nunca se movía también fue.
-
La tos ronca del abad. El canto del hototogisu.
-
No acostumbro a dar mucha importancia a las palabras de los pacientes, porque si cuando se lamentan, yo intento calmarles, se lamentan aún más. Si por el contrario, como en este caso, dicen sentirse mejor y yo muestro mi satisfacción, acaban sintiéndose m
-
Nada me repugnaba más que el pensamiento de un vínculo entre la vida y la muerte. ¿Es que incluso un gato se esconde ante la proximidad de la muerte a fin de que nadie le vea morir?
-
Necesitaba consolarme. A menudo acudía a unas veladas que tenía lugar en casa de un viejo amigo aun sabiendo que sólo me dejaban las heces de una charla vacía y un regusto amargo.
-
Esperaba la muerte con una dulce esperanza. Como he mencionado más de una vez, el futuro presentaba una carga pesada para mí. Desde el principio me oprimía la idea de vida con todos los deberes que conllevaba.
-
Al trabajo de la tierra desde las alturas del templo viene el canto del gallo.
-
Puse el calentador en mi pecho. Pero mi corazón estaba lejos.
-
No exigimos a los demás que abandonen sus opiniones, puesto que reflejan las diferencias. Pero eso no tiene por qué convertirse en un obstáculo para el logro de un consenso en los principales temas. Tenemos que conocernos y respetar las diferentes opinion
-
El gran saber todo lo abarca. El pequeño todo lo divide.
-
Un montón de gente para de buscar trabajo tan pronto como encuentran un empleo.
-
La música reggae tiene que trabajar el doble, tiene que trabajar más que los otros géneros porque no recibimos la promoción, la publicidad.
-
Mi papá Bob Marley tuvo muchas mujeres y mi mamá tuvo muchas penas. Los amigos que lo rodeaban se convirtieron en enemigos.
-
Un hombre enamorado está incompleto hasta que está casado; entonces está acabado.
-
Cortando cada día una mitad a un palo de un pie de largo, no se acabará en diez mil siglos.
-
¿Cómo podía adivinar yo el destino que le esperaba? En verdad la vida humana es como el rocío o como un relámpago.
-
El frío anochecer de Kyoto hacía aflorar el calor del fuego. El viento, en la penumbra, gemía entre los pilares. El grillo que se posaba en la gruesa columna había desaparecido.
-
Medirá unos 16 centímetros, y es como un colgajo que desciende hasta más abajo del mentón. Es de grosor parejo desde el comienzo al fin; en una palabra, una cosa larga, con aspecto de embutido, le cae desde el centro de la cara.
-
Las intenciones del señor de Horikawa nunca fueron egoístas, ni tampoco aspiró a la gloria o a la fama. Se preocupaba por las cosas más insignificantes, y siendo hombre de gran carácter deseaba que todos pudieran gozar de la vida en la medida en que él la