Sólo donde hay sepulcros puede haber resurrecciones.
Frases célebres sobre: abe. [Página 169]
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Los gatos no tenemos nombre. ¿No? dudó Coraline. No corroboró el gato. Vosotros, las personas, tenéis nombres porque no sabéis quiénes sois. Nosotros sabemos quiénes somos, por eso no necesitamos nombres.
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El deporte es el único entretenimiento que, no importa las veces que lo vea, nunca se sabe el final.
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El dolor por haberte fallado a ti mismo es mucho mayor que cualquier cosa que otra persona pueda decirte.
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Casi todos mis alumnos lamentan no haber abordado a alguna chica. Sin embargo, pocos lamentan haberlo hecho, independientemente de lo que luego ocurriera.
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Olvida uno su falta después de haberla confesado a otro, pero normalmente el otro no la olvida.
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El que puede mandarse a sí mismo puede obedecer. Y hay quien sabe mandarse, pero está muy lejos de saber obedecerse
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Abecés las personas más fuertes de este mundo no son las que levantan pesas sino las que al fin gritan ayuda
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-¿Quién sabe si yo deseo ser leído hoy?
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-No está en nuestra mano el no haber nacido, pero se puede reparar esa falta. El echo de suprimirse es el más honorable de los actos, casi da derecho a vivir.
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Pero incluso los fariseos y los escribas sacan ventaja de tales adversarios, tienen que haber poseído algún valor para ser odiados de manera tan indecente.
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La mujer fue el segundo fallo de Dios. La mujer es, por su esencia, serpiente, Eva — esto lo sabe todo sacerdote; de la mujer viene todo infortunio al mundo esto lo sabe asimismo todo sacerdote. Por consiguiente, también la ciencia viene de ella...
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Así como hay una calle Voluntarios de la Patria, podría haber otra que se llamara, inversamente, calle Traidores de la Patria.
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Aun el más animoso de nosotros sólo raras veces tiene ánimo para lo que él propiamente sabe.
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El suicidio está en la soledad de un escritor. Uno está solo incluso en su propia soledad. Siempre inconcebible. Siempre peligrosa. Si. Un precio que hay que pagar por haber osado salir y gritar
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Los chinos, incluso los no muy ricos, tienen amantes. Las esposas lo saben. Así están tranquilas: cuando tienen mujeres afuera siempre vuelven a casa
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-El cristianismo supone que el hombre no sabe ni puede saber por sí mismo lo que es bueno y lo que es malo.
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En estas circunstancias existe un deber contra el cual se rebelan en el fondo mis hábitos y aún más el orgullo de mis instintos, a saber, el deber de decir: ¡Escuchadme, pues yo soy tal y tal. ¡Sobre todo, no me confundáis con otros!
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Qué me importa a mí el deplorable parloteo de las caóticas y planas cabezas norteamericanas.
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Todos saben esto y, sin embargo, las cosas siguen en el antiguo estado.