Aquellos que tienen más quehacer y están dispuestos a trabajar, son los que disponen de más tiempo.
Frases célebres sobre: ace. [Página 522]
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Los hombres que han llegado a hacerse célebres y que han influido poderosamente en los destinos de su país, han sido todos grandes trabajadores.
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La naturaleza no da la virtud: es el arte de hacerse bueno.
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El destino ayuda a quien lo acepta y arrastra a quienes se resisten.
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Nuestros deseos, con frecuencia, son precursores de las cosas que somos capaces de hacer.
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La vida siempre será en gran medida lo que hacemos nosotros de ella.
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El camino más corto para hacer muchas cosas es hacer solamente una cosa a la vez.
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La esperanza es como el sol, a medida que nos acercamos, arroja la sombra de nuestra carga detrás de nosotros.
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Es raro que haya tan pocos lectores en este mundo, pero tantas lecturas. La gente en general no lee por propia voluntad si son capaces de encontrar cualquier otra cosa que los entretenga.
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La prudencia guarda en seguridad a la vida, pero pocas veces la hace dichosa.
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Nuestros deseos siempre se aumentan con nuestras posesiones. El conocimiento de que hay algo todavía que nos pueda satisfacer, no se puede comparar con el gozo de las cosas que tenemos por delante.
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Sin sobriedad nadie puede hacerse rico, y con ella muy pocos serán pobres
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Es una reflexión penosa para un hombre considerar lo que ha hecho, comparado con lo que debió hacer.
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Los placeres aun después de haber pasado recrean
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Si os halláis precisado a oponeros al dictamen de otro, hacedlo.
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Tenemos que permanecer en la barca en que estamos mientras dura el trayecto de esta vida a la otra. Y debemos hacerlo de buen grado y con amor; porque, aunque algunas veces no haya sido la mano de Dios la que nos ha puesto allí, sino la de los hombres, un
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La ciencia que sirve para hacernos orgullosos y que degenera en pedantería no vale mas que para deshonrarnos.
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Las mismas miserias de la vida se convierten en delicias celestiales si sabemos encontrar en ellas el placer de cumplir la voluntad de Dios
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Es una práctica de la multitud ladrarle a los grandes hombres, como lo hacen los perros con los extraños.
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¿Quién ha tenido jamás valor para decirse la verdad? ¿Quién no se ha adulado a sí mismo cuando los demás le han alabado? Miramos con demasiada afición todo cuanto nos rodea y el favor que nos hacemos impide que nos juzgue¬mos con rectitud.