Bien...Yo siempre creí que toda confesión no transfigurada por el arte es indecente. Mi vida está en mis poemas, mis poemas son yo mismo, nunca escribí una coma que no fuese una confesión.
Frases célebres sobre: ada. [Página 345]
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Vengo del fondo de los Tiempos, cuando el mundo empezaba a nacer... ¡Soy tan antiguo y tan nuevo como la luz de cada día!
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Cuando abro cada mañana la ventana de mi cuarto es como si abriese el mismo libro en una nueva página...
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La filosofía triunfa con facilidad sobre las desventuras pasadas y futuras, pero las desventuras presentes triunfan sobre la filosofía.
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El mejor medio de conservar los amigos es no pedirles ni deberles nada.
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Perdonamos fácilmente a nuestros amigos los defectos en que nada nos afectan.
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El orgullo se resarce siempre y no pierde nada, incluso cuando renuncia a la vanidad.
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El hombre prefiere hablar mal de sí mismo que no decir nada.
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Hay personas repulsivas con méritos, y otras que agradan con defectos.
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Una mujer a la moda está siempre enamorada... de sí misma.
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La simplicidad afectada es una impostura refinada.
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La mayoría de las mujeres no lloran tanto la muerte de sus amantes por haberlos querido como por parecer más dignas de ser amadas.
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En la adversidad de nuestros mejores amigos siempre hallamos algo que no nos desagrada del todo.
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Pueden decir todo lo bueno que quieran de nosotros, pero nunca nos dirán nada nuevo.
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Si una persona parece cuerda es sólo porque sus locuras son proporcionadas a su edad y estado.
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Las personas afortunadas se corrigen poco: Creen tener siempre razón mientras la fortuna sostiene su mala conducta.
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Una amistad reanudada requiere más cuidados que la que nunca se ha roto
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Nada impide tanto ser natural como el deseo de parecerlo.
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Lo terrible de ser divorciada no es que todos los hombres se crean en la obligación de proponerte cosas, sino que piensan que ya no hay necesidad del romanticismo
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Viene cada año y vendrá para siempre. Y con la Navidad vienen los recuerdos y las costumbres. Esos recuerdos cotidianos humildes a los que todas las madres nos agarramos. Como la Virgen María, en los rincones secretos de su corazón