La abstracción reflexiva no se basa en acciones individuales, sino en acciones coordinadas
Frases célebres sobre: ada. [Página 472]
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El hombre que no sabe correr, saltar, nadar... es como un automóvil en el que sólo se emplea la primera velocidad.
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¿La cuestión de la fe? Me la planteo todos los días, sin cesar. He dicho no. He dicho no a Dios, si se me permite expresarme de esta manera brutal; pero la cuestión se replantea a cada instante. Estoy obsesionado, digámoslo claramente, obsesionado, si no
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La verdad, sino es entera, se convierte en aliada de lo falso.
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La catedral es un corazón. La torre, un brote. ¿Han contado los escalones que llevan a la plataforma? Cada noche son más numerosos. Se multiplican.
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Estar enamorado significa exagerar desmesuradamente la diferencia entre una mujer y otra.
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La edad en que todo se reparte e incluso se da generosamente es la edad en que nada se tiene.
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La inocencia no tiene nada que temer.
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Desprecio al mundo como hacen los que añaden algo a él; pero yo no le añado nada.
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La abundancia es a veces el único recurso de los que no tienen nada que decir.
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Dos cosas ciertas: cada día se vuelve uno más inteligente y ama mejor a los que ama.
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Después de cada infortunio se efectúa en nosotros como una extraña muda del alma.
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Cada hombre piensa que Dios está de su lado.
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Nada es irreparable en la política.
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Cada uno de nosotros tiene un día, más o menos triste, más o menos lejano, en que, por fin, debe aceptar que es un hombre.
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Morir, morir... Morir no es nada. Empieza pues por vivir. Es menos curioso, es más largo.
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No hay que creer exageradamente en la felicidad. Sobre todo cuando se es de buena raza. No se consiguen más que decepciones.
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Cada hombre tiene tres caracteres: el que exhibe, el que tiene, y el que cree que tiene.
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Los hombres, las flores, la hierba, vuelven a encontrar periódicamente su brillo y su esplendor, su perfume y su juventud. Sólo el hombre muere un poco cada año.
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Intencionadamente o no, se confunden siempre los jueces con la justicia y los curas con Dios. Así se acostumbran los hombres a desconfiar de la justicia y de Dios