Amo el canto del cenzontle, pájaro de cuatrocientas voces amo el color del jade, y el enervante perfume de las flores; Pero amo más a mi hermano el hombre.
Frases célebres sobre: ade. [Página 179]
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Para librar a vuestros hijos de esos vicios y calamidades haced que desde niños se den a la virtud y trabajos.
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Todo lo que es verdadero lo que tiene raíz, dicen que no es verdadero que no tiene raíz.
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Las verdades que se callan se vuelven venenosas.
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Hay almas esclavizadas que agradecen tanto los favores recibidos que se estrangulan con la cuerda de la gratitud.
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La tierra tiene una piel, y esa piel tiene enfermedades. Una de esas enfermedades se llama hombre.
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El gusano pisado se enrosca, así disminuye las posibilidades de ser pisado de nuevo — en el lenguaje de la moral: humildad.
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La cultura y el Estado -no nos engañemos sobre esto- son rivales: el Estado de cultura no pasa de ser una idea moderna. Lo uno vive de lo otro, lo uno prospera a costa de lo otro. Todas las épocas grandes de la cultura son épocas de decadencia política: l
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Amo al que adelanta palabras de oro a sus actos y siempre cumple más de lo que ha prometido.
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Hay días en que me invade un sentimiento más negro que la más negra melancolía — el desprecio a los hombres. Y para no dejar ninguna duda sobre qué es lo que yo desprecio, sobre quién es el que yo desprecio: es el hombre de hoy, el hombre del que yo soy f
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Ha llegado la hora de retirarse estoy agradecido de todos, tanto de los amigos complacientes como de los enemigos frenéticos, ¡inolvidables personajes sagrados!
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Lo que me preocupa no es que me hayas mentido, sino que, de ahora en adelante, ya no podré creer en ti.
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Oh, esos pobres pícaros que están en las grandes ciudades de la política mundial, hombres jóvenes, dotados, torturados por la ambición, que consideran su deber decir su palabra acerca de todos los sucesos... ¡Y siempre sucede algo!
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Las calumnias son enfermedades de los demás que se declaran en nuestro cuerpo.
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Lo que más me molestó no es que me hayas mentido sino que, de aquí en adelante, no podré creer en tí.
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El verdadero hombre quiere dos cosas: el peligro y el juego. Por eso ama a la mujer, el juguete más peligroso.
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Quien se permite hablar en público tiene el deber, tan pronto modifique sus opiniones, de contradecirse también en público.
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Mas precisamente para el héroe lo bello es lo más difícil. Inaccesible es la belleza a todas las voluntades impetuosas.
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Todo el mundo cree que puede decir algo cuando se habla del tiempo, de las enfermedades y del bien y el mal.
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A pesar de que es malo; peor es silenciarlo, pues todas las verdades silenciadas acaban por destilar veneno.