Para agradar debes olvidarte de ti mismo
Frases célebres sobre: agr. [Página 43]
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Sólo las cosas sagradas merecen ser alcanzadas.
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En la vida cada minuto es un milagro que no se repite.
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Una persona emocionalmente madura es la que acepta los hechos desagradables, sea cual sea su origen, como situaciones concretas para ser manejadas y no detestadas.
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El deber del gobernante no consiste en agrandar su país, sino en hacerlo más fuerte.
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El principal objeto de la educación no es el de enseñarnos a ganar el pan, sino en capacitarnos para hacer agradable cada bocado.
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No sabré hacerlo, no ha producido jamás buen resultado. Probaré a hacerlo, ha obrado casi siempre maravillas. Lo haré, ha conseguido milagros.
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La perfección se logra al fin, no cuando no hay nada que agregar, sino cuando ya no hay nada que obtener.
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El halago nos ablanda y derrite; el agravio nos endurece y tensa.
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Un caballero es un hombre que puede discrepar sin ser desagradable.
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Hay en la intimidad un límite sagrado que trasponer no puede aun la pasión más loca siquiera si el amor el corazón desgarra y en medio del silencio se funden nuestras bocas.
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Con palabras agradables y un poco de amabilidad se puede arrastrar a un elefante de un cabello
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Un fotógrafo sin una revista a sus espaldas es como un agricultor sin campos
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Siempre tiene su agriecito.
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Soy el hombre más sencillo que existe, pero cuando siento un grito en mí, no acepto transformarlo en una vocecilla para complacer a los mudos y a los tartamudos. Pues yo no deseo agradar a nadie, ni tener discípulo ni ser discípulo. He venido a este mundo
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Quien ha dejado de agradar pierde el derecho de hacer reproches.
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La declaración lisonjera que más agrada al amor no está en lo que se dice, sino en lo que se escapa.
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Indudablemente la época más feliz del matrimonio es la luna de miel; lo malo es que para repetirla, han de suceder cosas muy desagradables.
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Todo viejo amor es un recuerdo agradable mientras no interviene la persona que lo inspiró.
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Tienes dos nombres, Luz, dos pensamientos, en los más puro de mi voz centrados, a retener tu imagen consagrados en la frágil prisión de dos lamentos.