Mentiras aguardan a aquel que usa la mente y el alma para gobernar los hechos insulsos de la diminuta y vencida prepotencia.
Frases célebres sobre: alma. [Página 63]
Hay un total de 1741 freses célebres sobre "alma" este sitio web. [Página 63]
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¡Ay de la carne que depende del alma, ay del alma que depende de la carne!
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Tomen sobre sí mi yugo y aprendan de mí, porque soy de genio apacible y humilde de corazón, y hallarán refrigerio para sus almas. Porque mi yugo es suave y mi carga es ligera
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¿Cuándo regresará esa sonrisa que me desnuda en cuerpo y alma?
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Los dos sabemos lo que siente el uno en el interior del otro y con fuerza de leones se besan nuestras almas.
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No se conoce la razón pero una fresa puede hacer que el alma se ponga al rojo vivo, hasta el fondo.
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Reclutaré almas generosas que quieran servir a Dios de balde.
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La conciencia es la voz de las almas, las pasiones son las voces del cuerpo.
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El acento es el alma del discurso.
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Una de las ventajas de las buenas acciones es la de elevar el alma y disponerla a hacer otras mejores.
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El alma resiste mucho mejor los dolores agudos que la tristeza prolongada.
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Una de las ventajas de las buenas acciones es que elevan el alma y la predisponen para hacer otras mejores.
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Una ventaja de las buenas acciones es que elevan el alma y la predisposición para hacer otras mejores.
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La conciencia es la voz del alma; las pasiones son la voz del cuerpo
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La verdad es ajena al tiempo del devenir. Para llegar a contemplarla, el alma, prisionera del cuerpo, de los sentidos, de las apariencias, debe liberarse de las ataduras que la traban.
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Mirá las almas a tu alrededor, mirá el amor que está a tu costado.
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No hay otra forma de arte que vaya más allá del conocimiento ordinario como lo hace el cine, directo a nuestras emociones, profundamente al cuarto oscuro del alma
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Almacenes coloridos a los que llamás ciudad, te envuelven con canciones indoloras como hilo musical.
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No nos es tan querido lo duradero, inmóvil: piedra preciosa con un fuego frío, pesada barra de oro refulgente; y las mismas estrellas extrañas, alejadas, no parecen iguales a nosotros, seres transitorios, pues la hondura del alma no la alcanzan.
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Su vida oscila como la vida de todos los hombres no ya entre dos polos, por ejemplo el instinto y el alma, o el santo y el libertino, sino que oscila entre millares, entre incontables pares de polos.