El que sepa dominarse a sí mismo, sabrá dominar a sus semejantes.
Frases célebres sobre: ant. [Página 71]
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En la conversación con un superior hay que atender a tres cosas: hablar antes de que le inviten a ello es una indiscreción, no hablar cuando le preguntan es una falta de sinceridad, hablar sin atender a la disposición del humor del superior es una ceguera
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Es más fácil apoderarse del comandante en jefe de un ejército que despojar a un miserable de su libertad.
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La naturaleza humana es buena y la maldad es esencialmente antinatural.
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Los cambios pueden tener lugar despacio. Lo importante es que tengan lugar.
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No he visto todavía a nadie que ame tanto la virtud como se ama la belleza física.
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Nuestra mayor gloria no está en no caer jamás, sino en levantarnos cada vez que caigamos.
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No importa si se avanza poco; lo importante es no parar
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Pensar dos veces ya es bastante.
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Quien pretenda una felicidad y sabiduría constantes deberá acomodarse a frecuentes cambios.
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Si estuvieran planeando el futuro por un año, planten una semilla; para diez años, planten un árbol, más si planearan para cien años, eduquen a los niños.
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Si la naturaleza prevalece sobre la cultura, se tiene a un salvaje; si es la cultura la que prevalece, a un pedante. Sólo del equilibrio nace el caballero.
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Si ya sabes lo que tienes que hacer y no lo haces entonces estás peor que antes.
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Un caballero es tolerante y libre, un hombre común está lleno de ansiedad y temor.
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Un erudito que no sea serio no inspirará respeto, y su sabiduría, por lo tanto, carecerá de estabilidad.
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Un pueblo gobernado despóticamente y en el que se mantiene el orden por medio de castigos, puede evitar la infracción de la ley, pero perderá su sentido moral.
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Y, de pronto me invadió una gran satisfacción, al pensar en la gran seguridad que ofrece el mar si la comparamos con las tribulaciones que hay en tierra, y al considerar mi decisión de adoptar esta vida que no me presentaría problemas inquietantes, vida a
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Cuando la edad de las pasiones ha pasado ¿qué otra cosa podemos desear si no es evadirnos de la vida con la menor cantidad posible de dolor?
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Darle la ciudad no es decisión mía ni la de alguno de sus habitantes; hemos decidido por nuestra propia voluntad el combatir, y no salvar la vida.
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A partir de hoy, los latinos y los romanos son la misma gente, unidos en Dios y es con la ayuda de Dios, que hemos de salvar Constantinopla.