Empecé a actuar cuando era pequeña. Hice un montón de piezas, yo cantaba. Tuve clases de baile. Yo fui entrenado en todo.
Frases célebres sobre: anta.
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Los satanistas con trabajos bien pagados no necesitan entrevistas como esta. Nosotros creemos que ir de fiesta es malo. Es mejor sentarse y cortarse, que salir y divertirse. Algunas veces tienes que plantarle cara a algunos cambios, que deben ser tomados
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Volvería a dirigir en el Teatro de la Scala de Milán si me pagasen plantando 90.000 árboles.
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Sabés que tenés razón, pero con razón y todo aquí tenés mi guitarra. Y todo aquel que la agarra debe cantar a mi modo. Perdoná si te incomodo poniéndotela en los brazos, pero pa' a que asentés los pasos y el oido se te componga. Me cantás una milonga o te
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Considera ser tonto en público. Canta en voz alta. Lleva ropa divertida.
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Me encanta escuchar a mi pueblo respirar.
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Quiero cantar desde que tengo memoria.
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Éste es el siglo de las mujeres y una de las mejores cosas que ha hecho el presidente es nombrar a tantas mujeres en este Gobierno.
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Si cantas solo con la voz, por fuerza tendrás al fin que callar; canta con la vida para no callar jamás
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El que canta, reza dos veces.
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Si quieres ser grande, comienza por ser pequeño; si quieres construir un edificio que llegue hasta el cielo, piensa primero en poner el fundamento de la humildad. Cuanto mayor sea la mole que se trate de levantar y la altura del edificio, tanto más hondo
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Las gracias que hoy te adornan, los dones inmortales que la naturaleza gentil te prodigó, tu eterna vestidura de encantos virginales, tu nombre bendecido cantar pretendo
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Yo no quiero morir en tierra: me da un pánico terrible. A mí, que me encanta volar en avión y ver pasar las nubes, me gustaría que un día el aparato en el que viajo se perdiera y no volviera. Y que me hicieran un epitafio los ángeles. O el viento.
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Yo nunca seré de piedra, lloraré cuando haga falta, gritaré cuando haga falta, reiré cuando haga falta, cantaré cuando haga falta.
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Todos los hombres son dioses para su perro. Por eso hay tanta gente que ama a sus perros más que a los hombres.
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Las quejas no tienen tanta fuerza como las acciones.
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Entre tanta insatisfacción a veces nos satisface el mal.
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Cuando juego al ajedrez, dentro de mí se libra una extraña batalla entre la fantasía por un lado y el razonamiento sensato por el otro. El exceso de imaginación o de pensamiento racional pueden ser igualmente peligrosos. Esas dos fuerzas tiran hacia lados
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El rasgo que determina junto con otros, la potencia ajedrecística, es la inquebrantable atención sobre lo que ocurre en el tablero.
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Yo, señores, me congratulo íntimamente de haber contribuído a que el pueblo argentino se halla levantado unísono con la energía y vitalidad de su carácter a protestar, como corresponde, de sus oprobiosos mandatarios, quedando de hoy en más de pie, firme y