Para línea grosera, cuerito educador.
Frases célebres sobre: ara. [Página 625]
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A un hombre se le pide su amistad para obtener un poco menos; a una mujer, para obtener un poco más
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La muerte es realmente una gran bendición para la humanidad, sin ella no puede haber un progreso real. Las personas que viven para siempre no sólo obstaculizan y desalentar a los jóvenes, sino que carecen de suficiente estímulo para la creatividad.
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Nuestros estados modernos se preparan para la guerra sin saber siquiera el futuro enemigo.
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Para todos aquellos que caminan el camino de la cooperación humana, la guerra les debe parecer odiosa e inhumana.
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Lo más ofensivo que pueda lanzarte a la cara tu peor enemigo no se compara con lo que tus amigos más íntimos hablan de ti a tus espaldas.
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Lo malo del amigo es que nos dice las cosas desagradables a la cara; el enemigo las dice a nuestras espaldas y, como no nos enteramos, nada ocurre.
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No se debe tener ni amor ni odio hacia los hombres que están en el gobierno. Se debe tener para ellos el mismo sentimiento que se tiene por un cochero; conduce bien, o conduce mal, eso es todo
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El que dice una mentira no sabe qué tarea ha asumido, porque estará obligado a inventar veinte más para sostener la certeza de esta primera.
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El que dice una mentira no se da cuenta del trabajo que emprende, pues tiene que inventar otras mil para sostener la primera.
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Para toda clase de males hay dos remedios; el tiempo y el silencio.
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La idea desencadena la acción al enunciar un proyecto, al indicar un objetivo; y determina y guía la acción al elaborar un programa. Para no ser utópico, ese proyecto y ese programa, al oponerse al presente político, deben tenerlo en cuenta: deben ser rea
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La vida es demasiado corta como para perder una parte preciosa fingiendo.
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Debe enseñarse a los hombres como si no se les enseñara. Las cosas desconocidas deben proponérseles como cosas olvidadas.
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El honor y la vergüenza surgen sin condiciones; todo consiste en ocupar bien nuestro puesto para alcanzar la honra.
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Una verdad está clara: lo que es, es cierto.
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Las cadenas del matrimonio son tan pesadas que para llevarlas son necesarias dos personas, y, a veces, tres.
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Las madres perdonan siempre: han venido al mundo para eso.
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El infortunio es necesario también para descubrir ciertas minas misteriosas ocultas en la inteligencia humana.
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No hay ventura ni desgracia en el mundo, sino la comparación de un estado con otro, he ahí todo. Sólo el que ha experimentado el colmo del infortunio puede sentir la felicidad suprema. Es preciso haber querido morir, amigo mío, para saber cuán buena y her