Bebo para olvidar que soy un borracho
Frases célebres sobre: bor. [Página 38]
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El diablo nada oye más que truenos, crujidos y alboroto: de ahí que puedas con placer, aturdirlo a través de la dulzura.
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Las plumas que escriben sobre el desarme están elaboradas con el mismo acero que los cañones.
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Virtud y sabor son casi lo mismo, porque la virtud es poco más que un gusto activo y el más delicado afecto de cada uno se combina en el amor verdadero. ¿Cómo es posible entonces que busquemos amor en las grandes ciudades, donde el egoísmo, la disipación
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Soy como el agua y el aceite, sin algún sabor especial.
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Borra a menudo si quieres escribir cosas dignas de ser leidas.
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Las necesidades y la complejidad de la vida moderna plantean a este fenómeno del intercambio de informaciones demandas más intensas que en cualquier otra época; la prensa, los museos, los laboratorios científicos, las universidades, las bibliotecas y los
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La historia de la arquitectura es la historia del hombre en su labor de organizar y dar forma al espacio.
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El derecho a la vida es el primero de los derechos humanos. Abortar es matar a quien no puede defenderse.
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Los únicos derechos deben ser aquellos que se consiguen en el mercado laboral ... Las únicas oportunidades están en la cárcel o en el mercado laboral, sea lo que sea lo que allí puedas ganar. en relación al liberalismo.
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Haz siempre lo posible para mantener entre subordinados o compañeros el espíritu de equipo. La colaboración es necesaria y es bueno conseguir que todos los que participan en ella se den cuenta de que colaboran
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Nadie sabrá mandar si no aprende a obedecer antes; ni será buen jefe si no sabe servirse a sí mismo. El buen jefe ha de poder realizar un trabajo mejor que el de los subordinados
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El lenguaje es sabor que entrega al labio la entraña abierta a un gusto extraño y sabio: despierta en la garganta; su espíritu aun espeso al aire brota y en la líquida masa donde flota siente el espacio y canta.
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La peor desdicha del trabajador es que el azar le depare el estar subordinado a un mal jefe.
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Un valor esencial en una sociedad es la obediencia voluntaria de las normas. La sociedad que no lo reconoce está siempre al borde de la extinción.
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El poder arbitrario constituye una tentación natural para un príncipe, como el vino o las mujeres para un hombre joven, o el soborno para un juez, o la avaricia para el viejo, o la vanidad para la mujer.
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Nadie desea consejos, sólo corroboraciones.
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—¡Qué labor nos ha tocado!, ¿eh?
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Quienes ganan las batallas son los borregos, pero que quienes ganan las guerras son los hombres libres. Ya verán ustedes que así es, coronel.
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Toda acción se realiza con vistas a un fin, y parece natural suponer que las reglas de una acción deban tomar todo su carácter y color del fin al cual se subordinan. Cuando perseguimos un propósito, parece que un conocimiento claro y preciso del propósito