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Frases célebres sobre: car. [Página 309]
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El pobre carece de muchas cosas, pero el avaro carece de todo.
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Nadie puede llevar la máscara durante mucho tiempo
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No tengamos envidia de los que están encaramados, porque lo que nos parece altura es despeñadero.
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¿Te has inclinado a veces para tocar la tierra donde el musgo defiende las flores más pequeñas?
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Quisiera abrir mis venas para buscar tus rastros.
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Estar enamorada no es como tener un canario en una jaula -dijo-. Cuando pierdes a tu novia no sales a buscar otra que la sustituya.
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Lo peor fue limpiar las arañas de cristal. La semana pasada, la señorita Caroline le hizo limpiar cada maldita lágrima. Disculpe mi lenguaje, doctor. Pero esas arañas habría que echarlas abajo.
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No hay cosa tan cara como la que con ruegos se compra.
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Lo innecesario, aunque cueste un sólo céntimo, es caro
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Vuélvete rosa desnuda al carmen rosa del cielo. La forma de mi desvelo frente a tu sonrisa duda.
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No hay que buscar los parecidos, sino las semejanzas.
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La gente que ve un dibujo en The New Yorker piensa automáticamente que es chistoso porque es una caricatura. Si lo ve en un museo, piensa que es artístico; y si lo encuentra en una galleta de la suerte, piensa que es una predicción.
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Dice hecatón: te descubriré un modo de provocar el amor sin filtro mágico, sin hierbas, sin ensalmos de hechicera: si quieres ser amado, ama.
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Nunca es demasía publicar lo que es necesario que se sepa.
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No hay felicidad tan perfecta, que carezca de todo sinsabor.
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Por otra parte, nuestras sociedades no se caracterizan por el consenso, sino por la discusión permanente, y a ésta los medios contribuyen no en pequeña medida.
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Mayor soy y para mayores cosas he nacido que para ser esclavo de mi carne
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Esto dirá aquél a quien ha sido dada la sabiduría, a quien su alma libre de vicios ordena reprender a los demás, no porque los odie, sino para curarlos: Vuestra opinión me afecta, no por mí sino por vosotros: odiar y atacar la virtud es renunciar a la esp
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No existe ningún ser humano lo bastante fuerte e inteligente para evitar mediante palabras o acciones el destino fatal que le deparan las leyes inevitables de su propia naturaleza y carácter.