A veces creemos odiar la adulación y lo que se odia es la manera de adular.
Frases célebres sobre: ces. [Página 210]
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Quiero que utilices todo tu poder, toda tu habilidad. No quiero que su madre lo vea así.
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Para los peces de acuario, el intercambio de agua es Dios.
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Los que ponen demasiado empeño en las cosas pequeñas, por lo común se hacen incapaces de hacer las grandes.
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Se necesitan virtudes más grandes para soportar la prosperidad que la suerte adversa.
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Aunque los hombres se jacten de sus grandes acciones, muchas veces no son el resultado de un gran designio, sino puro efecto del azar.
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La intención de no engañar nunca nos expone a ser engañados muchas veces.
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Nunca somos tan felices, ni tan infelices como pensamos.
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Rehusar las alabanzas es desear ser alabado dos veces.
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Esa clemencia, de la que se hace una virtud, a veces se practica por vanidad, otras por pereza, a menudo por miedo, y casi siempre por esas tres razones juntas.
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La moderación de las personas felices se debe a la placidez que la buena fortuna da a su temperamento.
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Aquellos a quienes se condena al suplicio manifiestan a veces una fortaleza y un desprecio a la muerte que en realidad no es más que el temor a mirarla cara a cara; de modo que puede decirse que esa fortaleza y ese desprecio son para su ánimo lo que la ve
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Parece como si la naturaleza, que tan sabiamente dispuso los órganos de nuestro cuerpo para hacernos felices, hubiera querido darnos también el orgullo para evitarnos el dolor de conocer nuestras imperfecciones.
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Las pasiones engendran a menudo otras que son sus contrarias: la avaricia produce a veces la prodigalidad, y la prodigalidad la avaricia; a menudo somos firmes por ser débiles, y audaces por cobardía.
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Muchas veces la pasión torna necio al hombre más cuerdo y cuerdo al más necio.
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A veces es uno tan distinto de sí mismo como de los demás.
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El deseo de ser hábil impide a veces serlo.
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La felicidad y la desgracia acuden ordinariamente a los seres que ya son felices y desgraciados
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Lo terrible de ser divorciada no es que todos los hombres se crean en la obligación de proponerte cosas, sino que piensan que ya no hay necesidad del romanticismo
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Creemos a veces odiar la adulación, pero lo que realmente odiamos es la manera de adularnos.