La lectura de un buen libro es un diálogo incesante en que el libro habla y el alma contesta.
Frases célebres sobre: ces. [Página 270]
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Es fácil hacerse admirar cuando se permanece inaccesible.
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Los hombres tienen necesidad de ser amados para ser felices y de ser más o menos poderosos para ser amados.
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Entre su alma y la de un niño no había más diferencias que algunas cicatrices
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Sería necesario imponer esta regla: no repetir jamás una afirmación malévola sin verificar su contenido. Aunque es cierto que así nunca se hablaría de nada.
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Hay que haber vivido un poco para comprender que todo lo que se persigue en esta vida sólo se consigue arriesgando a veces lo que más se ama.
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El pensamiento de la muerte me persigue con una obstinación singular. A cada gesto que hago, calculo: ¿cuántas veces ya? Me pregunto: ¿cuántas veces todavía? Y siento, lleno de desesperación, precipitarse la revolución del año
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Muchas veces las palabras que tendríamos que haber dicho no se presentan ante nuestro espíritu hasta que ya es demasiado tarde.
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Recuerdo haber dicho que se necesitaba mucho talento para hacer soportable un poco de genio.
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Sólo las mujeres y los médicos saben cuán necesaria y bienhechora es la mentira.
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Es necesario renunciar a saber, pero no se puede renunciar a juzgar.
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Vergüenza es la mentira que dices cuando hablas de ti mismo.
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Cuando haces un mundo tolerable para vos, haces un mundo tolerable para otros.
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Mi vida se dificulta por mi pensamiento y la necesidad de comprender lo que estoy viviendo.
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Normalmente cuando las personas están tristes, no hacen nada. Se limitan a llorar. Pero cuando su tristeza se convierte en indignación, son capaces de hacer cambiar las cosas
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Un original es una creación motivada por el deseo. Cualquier reproducción de un original se basa en la necesidad de motivación. Es maravilloso ser la única especie que crea formas gratuitas. Crear es divino, reproducir es humano
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Le creció entonces en el alma un estremecimiento de dignidad: ya era oficial y no quería rebajar su categoría.
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Se cuenta que muchas personas de la alta sociedad de entonces iban a veces a comprar ventura y felicidad por el cómodo precio de la práctica de algunas inmoralidades y supersticiones.
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Hasta entonces indiferente a lo que pasaba en torno suyo, ahora parecía participar de la vida, de todo lo que la rodeaba; pasaba horas enteras contemplando el cielo, como si recién ahora hubiese descubierto que era azul y bello, que el sol lo iluminada de
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La libertad no hace ni más ni menos felices a los hombres; los hace, sencillamente, hombres.