Las mismas miserias de la vida se convierten en delicias celestiales si sabemos encontrar en ellas el placer de cumplir la voluntad de Dios
Frases célebres sobre: cia. [Página 786]
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Nadie es desgraciado sino por su culpa.
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Cada uno es tan desgraciado como cree serlo.
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Hase de menospreciar la facundina, que antes envuelve la sentencia que la declara.
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La vida no es más que un viaje hacia la muerte.
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Las grandes obras son hechas no con la fuerza, sino con la preseverancia.
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Cada concesión sumisa a nuestro miedo expande el dominio del mismo; no sólo desperdiciamos ese tiempo en que los males que tememos pudieran ser sufridos y superados en el acto; por el contrario, mientras que la dilación no alivia en ninguna forma nuestros
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Cualquier preponderancia de la fantasía sobre la razón es un grado de locura.
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Por oro no vendas lo que nunca podrás comprar con oro: la tranquila siesta, el satisfecho día, la limpia fama y la conciencia alegre
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Nada ha podido retrasar más el avance de la ciencia que la actitud de las mentes vulgares, que envilecen lo que no pueden comprender.
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La libertad, por lo que respecta a las clases sociales inferiores de cada país, es poco más que la elección entre trabajar o morirse de hambre.
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El camino más corto para llegar a la riqueza es despreciarla.
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Los desgraciados creen con facilidad que es o será cierto aquello, que ellos desean que ocurra.
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Se puede apreciar el carácter de un hombre en la forma como recibe la alabanza.
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El placer sin moderación se inclina hacia el dolor como hacia un precipicio.
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La amistad beneficia siempre; el amor causa daño a veces.
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El hambriento no razona, no le importa la justicia, ni escucha las oraciones.
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Yo te persuadiré, desde que tú has entendido las Escrituras de la verdad, de que hay, y se dice que existe, otro Dios y Señor subordinado al Hacedor de todo; quien es llamado Ángel, porque Él anuncia a los hombres cualquier cosa que el hacedor de todo, so
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Sin la filosofía y la recta razón no es posible que haya prudencia.
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Sus palabras sobre el ejercicio de la paciencia, y sobre el estar prontos a servir y ajenos a la ira, son éstas: a quien te golpee en una mejilla, preséntale la otra, y a quien quiera quitarte la túnica o el manto, no se lo impidas. Más quienquiera que se