Los elementos de la dicha son: una buena conciencia, la honradez en los proyectos y rectitud en las acciones
Frases célebres sobre: cien. [Página 217]
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Quien se esfuerce en cumplir con su deber en conciencia, está llenando ya el fin para que ha sido creado y pone en sí los principios de un carácter viril
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El único y verdadero espíritu de tolerancia consiste en tolerar conscientemente la mutua intolerancia
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Se paciente con todo el mundo; pero sobre todo contigo mismo.
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En esta vida la paciencia ha de ser el pan de cada día; pero la necesitamos en particular para nosotros, porque nadie se nos hace tan pesado como nosotros mismos
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Ten paciencia con todas las cosas, pero sobre todo contigo mismo.
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El hombre prefiere que se digan cien mentiras acerca de él, a que se divulgue una sola verdad que desee tener oculta
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Los consejos son como la nieve; cuando más suave cae, más dura en el suelo y más se profundiza en la conciencia.
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Hay pocas cosas que resulten imposibles de la mano de la paciencia y de la diligencia.
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El lenguaje es el único instrumento del que dispone la ciencia, y las palabras son los signos de las ideas.
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Si los males no pueden evitarse, es de sabios reducir el intervalo de espera; estar conscientes, nada más, de cuáles serán los sufrimientos que pueden alcanzarnos si intentamos emprender el vuelo; y sufrir únicamente su daño real sin los conflictos antici
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Cuando es bien empleada, la vida es suficientemente larga.
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No te detengan los juicios humanos; descarga tu conciencia y no temas sino a Dios
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La ciencia que sirve para hacernos orgullosos y que degenera en pedantería no vale mas que para deshonrarnos.
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Una parte de la vida la pasamos haciendo mal lo que hacemos, otra no haciendo nada y el resto haciendo lo que no deberíamos hacer.
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La prueba de un predicador es cuando su congregación no sale diciendo qué sermón más bonito, sino haré algo
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Por oro no vendas lo que nunca podrás comprar con oro: la tranquila siesta, el satisfecho día, la limpia fama y la conciencia alegre
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Nada ha podido retrasar más el avance de la ciencia que la actitud de las mentes vulgares, que envilecen lo que no pueden comprender.
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Ahora bien, si tú también te preocupas algo de ti mismo y aspiras a tu salvación y tienes confianza en Dios, como a hombre que no es ajeno a estas cosas, te es posible alcanzar la felicidad, reconociendo a Cristo e iniciándote en sus misterios.
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Sus palabras sobre el ejercicio de la paciencia, y sobre el estar prontos a servir y ajenos a la ira, son éstas: a quien te golpee en una mejilla, preséntale la otra, y a quien quiera quitarte la túnica o el manto, no se lo impidas. Más quienquiera que se