Soy una persona pragmática. Si las cosas no salen bien a la primera, las rediseño y las repito. Nunca me rindo. Así vuelvo sobre lo mismo una y otra vez hasta que me quedo satisfecho con mi trabajo, cuando sé que he dado lo mejor de mí
Frases célebres sobre: cos. [Página 185]
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Es la repetición de afirmaciones lo que lleva a creer. Y cuando el creer se transforma en una convicción profunda, las cosas comienzan a suceder.
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¿De qué opresión está hablando? Los libios se beneficiaban de créditos a 20 años sin intereses para construir sus casas, un litro de gasolina costaba 14 céntimos, la comida no costaba absolutamente nada y un jeep surcoreano KIA podía ser comprado por sólo
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La unión en el rebaño obliga al león a acostarse con hambre.
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Cuatro cosas hay que nunca vuelven más: una bala disparada, una palabra hablada, un tiempo pasado y una ocasión desaprovechada.
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Vosotros sois los tigres y en breve seréis corderos; hoy os complacéis con los sufrimientos de vuestras inermes víctimas, y en breve, cuando suene la resurrección de la patria, os arrastraréis hasta el barro, como lo tenéis de costumbre.
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Cada cosa en su tiempo, y los nabos en adviento.
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Éramos pocos y parió mi abuela.
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Los niños y los locos dicen las verdades.
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Muchos pocos hacen un mucho.
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Las cosas de palacio van despacio.
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Mezcladas andan las cosas: junto a las ortigas nacen las rosas.
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En caso de duda, no determines, cosa alguna.
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Sembrad una pequeña simiente de rebeldía, y determinaréis una cosecha de libertades
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De tales bodas, tales costras.
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La costumbre hace ley.
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La salvación de muchos depende de la oración de pocos.
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Y no creáis que los zapatos en la vida en el campo de concentración, sean un factor sin importancia. La muerte empieza por los zapatos: se han convertido, para la mayoría de nosotros, en auténticos instrumentos de tortura que, después de las largas horas
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Pocos son los hombres que saben caminar a la muerte con dignidad, y muchas veces no aquellos de quienes lo esperaríamos. Pocos son los que saben callar y respetar el silencio ajeno.
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Todo el mundo descubre, tarde o temprano, que la felicidad perfecta no es posible, pero pocos hay que se detengan en la consideración opuesta de que lo mismo ocurre con la infelicidad perfecta.