No hay peor cosa en el mundo que una obra mediocre que aparenta ser excelente.
Frases célebres sobre: cos. [Página 216]
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En literatura, y en los juicios establecidos sobre los autores, encontramos, como en todo, más opiniones convenidas y cosas decididas que verdades.
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Las buenas poesías épicas, dramáticas, líricas, no son otra cosa que los sueños de un hombre despierto.
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Lo que me molesta de los ignorantes no es en sí su ignorancia, sino que sepan tantas cosas que no son así.
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La herramienta más educativa que yo he tenido ha sido a través del deporte. Allí he aprendido a aceptar la derrota, que otro es mejor, a levantarme después de no haber hecho bien las cosas, esforzarme para hacerlo mejor...
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Los poetas son más inspirados por las imágenes que por la misma presencia de los objetos. Es así como la idea de perfección es más necesaria a los hombres que los modelos; esto es aplicable tanto a las costumbres como a las artes.
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Los críticos no sabrían distinguir y apreciar ni los diamantes brutos ni el oro en barras; en literatura no conocen sino lo que circula, las monedas; ellos son comerciantes, su crítica tiene balanzas, pesas, pero no tiene ni crisol ni piedra de toque.
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Cuando las palabras están bien escogidas son abreviaciones de frases; las palabras son los cuerpos y el vínculo exterior de los pensamientos. Las palabras son sitios transparentes y los únicos espejos en los que pueden ser visibles nuestros pensamientos.
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Se debe escribir: de la agricultura, con llaneza; del derecho, con sencillez y probidad; de la política, con gravedad; de la moral, con grandeza; y de las cosas espirituales, con sensibilidad; o mejor: escribir de todo lo que es materia con solidez, y de
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La literatura. A lo que no tenga encanto y cierta serenidad no podremos llamarlo literatura. Incluso en la crítica debe hallarse alguna amenidad; si falta por completo, entonces ya no es literatura. En los periódicos encontramos todo el tiempo esta repele
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Si no se tiene cierta condescendencia y cierto respeto por el autor, la mitad de un libro serio impacienta siempre cuando es nuevo y dice cosas nuevas; no oímos nada de lo que nunca hubiéramos pensado.
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Las cosas literarias pertenecen al mundo intelectual; hablar de éstas con pasión va en contra de la conveniencia, de las proporciones, de la buena disposición y de la sensatez.
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Hay cosas que sólo podemos decir por escrito, que sólo podemos saberlas bien cuando pensamos en escribirlas, pero que sólo podemos pensar en escribirlas cuando las sabemos por adelantado.
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Si usted quiere que sus lectores se vuelvan locos por la heroína de una novela, cuídese de darle rasgos fijos, a fin de que cada cual pueda imaginarla según su fantasía y como más le guste.
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En el lenguaje ordinario, las palabras sirven para nombrar las cosas, pero cuando el lenguaje es realmente poético, las cosas sirven para nombrar las palabras.
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Son pocos los libros que pueden gustarnos toda la vida. Hay algunos de los que nos cansamos con el tiempo, con el saber y con la sensatez.
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Los antiguos decían que un discurso adornado no tenía costumbres, es decir, que no expresaba el carácter y las inclinaciones de quien hablaba.
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Las cosas que demandan más atención de la que uno les otorga comúnmente cuando las dice deben ser escritas.
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Los buenos libros filosóficos son los que exponen con claridad lo que es oscuro en el mundo, y para todo el mundo.
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Ni tan justo ni tan apretado, tanto en nuestras obras como en nuestras costumbres.