Hoy es un día azul de primavera, creo que moriré de poesía, de esa famosa joven melancólica no recuerdo ni el nombre que tenía. Sólo sé que pasó por este mundo como una paloma fugitiva: la olvidé sin quererlo, lentamente, como todas las cosas de la vida.
Frases célebres sobre: cos. [Página 267]
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Dad consejo a tiempo y daréis pocos
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Hay algunas cosas que son tan serias que solo puedes bromear con ellas.
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Todo lo que llamamos real está hecha de cosas que no puede considerarse como real.
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Dos cosas quiere el hombre de verdad: el peligro y el juego. Por eso quiere la mujer, que es el juguete más peligroso.
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Dos cosas quiere el hombre auténtico: peligro y juego. Por ello quiere a la mujer: el más peligroso de los juegos.
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La irracionalidad de una cosa no es un argumento en contra de su existencia, sino más bien una condición de la misma.
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Hay muchas cosas que no quiero saber. La sabiduría marca límites hasta al conocimiento.
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Cuando se tiene que presionar es que hay muy pocos elementos para convencer
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En el amor se soportan más cosas que en cualquier otra situación, se tolera todo.
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Ser independiente es cosa de una pequeña minoría, es el privilegio de los fuertes.
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La cultura y el Estado -no nos engañemos sobre esto- son rivales: el Estado de cultura no pasa de ser una idea moderna. Lo uno vive de lo otro, lo uno prospera a costa de lo otro. Todas las épocas grandes de la cultura son épocas de decadencia política: l
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La ventaja de tener mala memoria consiste en que se goza muchas veces con las mismas cosas
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Ha llegado la hora de retirarse estoy agradecido de todos, tanto de los amigos complacientes como de los enemigos frenéticos, ¡inolvidables personajes sagrados!
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Sólo una cosa es clara: que la carne se llena de gusanos
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El poeta no cumple su palabra si no cambia los nombres de las cosas.
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A la mujer le gusta creer que el amor puede lograr cualquier cosa; es su superstición personal.
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Lo que percibe el sentido y conoce el espíritu nunca tiene su fin en si mismo. Sin embargo, el sentido y el espíritu quisieran hacerte creer que son el fin de todas las cosas; tal es su soberbia.
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El ideal, se seduce a si mismo el seducido, seria amar a la tierra como la ama la luna, y palpar su belleza únicamente con la mirada. Y el no pedir de las cosas más que poder estar tendido ante ellas...
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Es bien sabido que la ciencia y el nacionalismo son cosas que se contradicen, aunque los monederos falsos de la política nieguen ocasionalmente ese saber: pero también llegará ¡por fin! El día en que se comprenderá que sólo para su daño puede ahora toda c