Un cuento siempre adquiere los colores que le otorgan el narrador, el ámbito en que se cuenta y el receptor.
Frases célebres sobre: cue. [Página 141]
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¡Y sin embargo, algunas personas dicen que se aburren! ¡Démosles libros! ¡Démosles fábulas que los estimulen! ¡Démosles cuentos de hadas!
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.. Me di cuenta también de que sólo estaba en la Tierra para una breve visita. Estoy aquí por una única vez y no habrá retorno. Por esa razón comencé a escribir.
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Cuando penetramos en el cuento de hadas, avanzamos por una galería compuesta íntegramente por espejos con cristales cóncavos y convexos en una mezcla grandiosa y falaz. Un espejo me muestra tan delgado como un alfiler, el siguiente me devuelve una imagen
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Todavía no me he tropezado con un marciano. Pero ciertamente he tropezado conmigo mismo. Y tal vez necesite leer acerca de los marcianos antes de comprender adecuadamente este hecho. Necesito cruzar el arroyo para ir a buscar agua. El cuento realmente hab
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Un buen cuento alcanza a ser comprendido por todos. Se lo puede contar una y otra vez. Porque renace cada vez que se lo vuelve a contar o que se lo relee, tanto en voz alta como para uno mismo.
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El texto escrito no posee valor intrínseco en sí mismo, se publican muchos libros triviales, incluso demasiados. Lo que necesitamos son buenos cuentos que nos nutran y nos ayuden a crecer.
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Más allá de toda división política, cultural e histórica, el cuento proporciona a la humanidad en su conjunto una lengua materna común.
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En el amor hay dos cosas: cuerpos y palabras.
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Las revoluciones y los pronunciamientos no son las escuelas en las que se ha de aprender el patriotismo.
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Digámoslo de una vez: No trata de evitar el dolor, porque el dolor es inevitable; se trata de escoger las consecuencias.
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Consejo sin remedio es cuerpo sin alma.
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En la rama descascarada los atardeceres del otoño un cuervo se posa.
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El crisantemo blanco. La pureza al encuentro del ojo.
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Sobre la rama seca un cuervo se ha posado; tarde de otoño.
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En ese laberinto de terrores, habría preferido refugiarse en la penumbra del ateísmo, negar la inmortalidad del alma, convencerse de que, una vez cerrados los ojos, no volvería a abrirlos, y que el mismo momento aniquilaría a la vez su alma y su cuerpo. P
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¡Qué bello! El despreciado cuervo común esta mañana nevada.
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Expuesto a la intemperie y resignado, ¡cómo corta mi cuerpo el frío!
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Al plantar el arroz cantan: primer encuentro con la poesía.
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A una amapola deja sus alas la mariposa como recuerdo.