Retener las propias convicciones no es incompatible con abandonar una actitud tradicional de rivalidad y hostilidad hacia las personas cuyas convicciones difieren de las nuestras.
Frases célebres sobre: cuyas. [Página 2]
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De ahí pues que, un socialismo boliviano, cuyas fórmulas y sistemas sean captados de la realidad boliviana y cuyas finalidades sean expresamente inspiradas en la felicidad de los bolivianos, es la pauta de nuestra concepción socialista.
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Cuando eres la primera persona cuyas creencias son diferentes de lo que todo el mundo cree y dices: Yo tengo razón y todos los demás están equivocados. Es una situación muy desagradable. Es a la vez alegría y al mismo tiempo una invitación a ser atacado
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En ese momento he sentido con certeza, no exenta de un punto de dolor, que quizá me fuera dado, no sólo escribir, sino también pensar, no es el latín ni edlinglés ni el italiano o el español, sino una lengua de cuyas palabras ni una sola me es conocida; u
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Su pálida frente es un mapa confuso: la cruzan arrugas, eternas arrugas, que son cual los ríos del vago país de lo abstruso cuyas olas, los años, se escapan en rápidas fugas.
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El pueblo es también uno de los poderes del Estado, el poder cuyas explosiones son más terribles.
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La verdad, en cuyas filas debemos estar alineados, no pertenece a uno sino que es patrimonio de la colectividad.
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¡Qué otra cosa sino un mar es la marea de pasión cuyas fuentes se hallan en nuestra propia naturaleza!
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Las pasiones son los únicos oradores que siempre persuaden. Son como un arte de la naturaleza cuyas reglas son infalibles; y el hombre más romo cuando le domina la pasión persuade mejor que el más elocuente que carece de ella.
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El hombre es la única criatura cuyas emociones se enredan con su memoria
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Si hay palabras y agravios como cuchillos, cuyas profundas heridas nunca cicatrizan ultrajes cortantes e insultos de dentado y venenoso filo, hay también palabras de consuelo demasiado dulces para el oído receloso, y cuyo eco perdura en nuestra memoria:
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Yo me invito a entrar a la casa del vino cuyas puertas siempre abiertas no sirven para salir.
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Pequeña patria, dulce tormenta mía, canto ubicado en mi garganta desde los siglos del maíz rebelde: tengo mil años de llevar tu nombre como un pequeño corazón futuro cuyas alas comienzan a abrirse a la mañana.
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Una democracia moderna es una tiranía cuyas fronteras no están definidas.
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Las personas comunes y corrientes se sienten pertenecientes al mundo que los rodea, ya que el proceso educativo los ha transformado en adultos que se sienten espiritualmente ligados a su sociedad. Sin embargo, esto no ocurre con los individuos cuyas incli
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Para mí, los mejores y más caros productos de la civilización han sido siempre -y lo siguen siendo- un libro bien escrito, en cuyas páginas haya algún pensamiento nuevo, y una pluma bien tajada con la que poder comunicar a los demás los míos propios
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Huye de los preceptos de los especuladores cuyas razones no están confirmadas por la experiencia.
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¡Cuántas personas hay en cuyas bibliotecas se podría escribir, como en los frascos de las farmacias: <<Para uso externo>>!
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Nuestras almas son como esos huérfanos cuyas madres solteras murieron al parirles: el secreto de nuestra paternidad yace en su tumba, y tenemos que ir a ella para saberlo.
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Me voy a la cama. Sé que tendré horribles pesadillas con enormes monstruos envueltos en togas académicas y blandiendo ensangrentados cuchillos de carnicero en cuyas hojas estarán grabadas las palabras Fragmento, Selección, Pasaje y Abreviado.