Qué ingenuidad la de aquellos que se preguntan cómo y por qué se han vuelto homófilos.
Frases célebres sobre: dad. [Página 332]
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... todo ser es fundamentalmente bisexual, y después la educación, o las inhibiciones personales, le mutilan una parte de sus posibilidades. Hay, por tanto, dos malas sexualidades: heterosexuales u homosexuales exclusivos; y una sexualidad buena y verdade
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... la libertad para salir de una situación para la que habíamos consentido es, claramente, la garantía necesaria y suficiente del valor del consentimiento en sí mismo. No hay por qué discutir sobre la capacidad del menor en particular de alguien para con
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Sólo existe una manera de descubrir la sexualidad de alguien, sea grande o pequeño: hacer el amor con él.
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La delincuencia sexual no demuestra la maldad de la pedofilia, en la misma medida que la delincuencia a secas no demuestra la maldad de las clases medias.
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La libertad sexual no consiste en elaborar y difundir un buen estándar de deseo, sino por el contrario, en suprimir cualquier estándar. No se trata de un deber de liberaración personal ¡liberad y expandid vuestra sexualidad!.., sino de un conjunto de libe
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No es cierto que luchemos contra la ferocidad humana cuando, a la manera de los curas y de la policía, saciamos la nuestra en esa lucha, que siempre tiene la crueldad como medio, y a las personas como víctimas.
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En literatura hay catarsis cuando la penosa realidad que pinta el escritor es transfigurada por la felicidad de la expresión. Virus debilitado equivale a vacuna. La belleza formal atrapa y extirpa la causa misma del sufrimiento que el tema de la obra habí
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A algunas mujeres les gusta la compañía de los afeminados porque con ellos olvidan lo que las rebaja frente a un hombre: una fealdad evidente, una anatomía retocada, una vulva deforme, un cerebro de mosquito.
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Sólo llamamos crueldad a aquella de la cual somos víctimas. A la que ejercemos nosotros la denominamos deber, amor o derecho.
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En la Edad Media y hasta el siglo XV, la sodomía era llamada le délit de l'épine*. Poco importaban el sexo y la edad de aquella espalda: la Iglesia sólo iba tras los ojetes, esos diablos. El sacrilegio era hacer el amor por el lado contrario del cuerpo.
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Somos el resultado del miedo que nuestros padres tuvieron a la soledad y a la muerte. Aunque nos lo hayan transmitido con la esperanza de aliviarse, todo ha sido, cruelmente, un esfuerzo en vano.
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Me convierto en ciudadano del mundo cuando, presa de un sueño, me doy cuenta de que cada año nacen sobre la tierra treinta y nueve millones de niños. Veo un amanecer, un arco iris. Todos son bellos, qué duda cabe, y todos me hablan encantados: esa cifra m
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No hay un instinto materno. Ante un niño, las mujeres tienen las mismas necesidades que ante un hombre: quieren complacerse.
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En Francia, la juventud es una cualidad que ahogamos a los veinte años y que admiramos en los ancianos.
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La escolaridad obligatoria son diez años de prisión preventiva. Alfabetizar es sólo un pretexto, y dicha misión no se cumple. No se enseña, se vigila. No se educa, se somete. No se espabila, se atonta. Cada curso tiene pinta de castigo infligido de oficio
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Están reformando el Código penal. Es triste pensar que, por el juego de las bajezas parlamentarias, se parecerá a las ideas recibidas y a los valores timoratos de la Francia que vota. Un decálogo de la mediocridad.
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La única actividad permanente de las aves es comer y huir. Se parecen a los hombres.
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Me he dado cuenta de que en el preciso instante del orgasmo nuestra percepción aumenta intensamente: vemos, olemos, saboreamos, tocamos, oímos, comprendemos mucho mejor. Habría que aprovechar para hacer otra cosa.
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No nos volvemos inmortales hasta cincuenta o cien años después de haber restituido cuerpo y alma al reino mineral. Pero algunos impacientes no soportan esperar tanto tiempo después de su muerte: dan notoriedad sin demora al hombre que será admirado por lo