La esperanza es una felicidad por sí misma, y la mayor que el mundo puede darnos
Frases célebres sobre: dad. [Página 989]
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Sin sobriedad nadie puede hacerse rico, y con ella muy pocos serán pobres
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Nadie conoce su propia fuerza mientras no se ha encontrado con la necesidad.
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Dondequiera que haya un ser humano existe una probabilidad para la bondad.
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La fidelidad que ha sido comprada con dinero puede ser vendida por el dinero.
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El buen éxito disculpa la temeridad
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Los vicios declarados, lo mismo que las enfermedades, son más leves
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Querer ser pobre y no sufrir por ello incomodidad, es querer el honor de la pobreza y la comodidad de las riquezas
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Las penas, consideradas en sí mismas, ciertamente no pueden ser amadas, pero consideradas en su origen, es decir, en la Providencia y Bondad divina que las ordena, son infinitamente amables
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Las riquezas son verdaderas espinas; ellas punzan con mil penas al adquirirlas, con muchas inquietudes conservándolas, con muchos disgustos gastándolas y con mucho pesares perdiéndolas.
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Dios prefiere nuestra fidelidad en las cosas pequeñas que nos encomienda, mucho más que el ardor por las grandes que no dependen de nosotros
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Es una especie de obediencia muy agradable a los ojos de Dios no desear dispensas sin mucha necesidad.
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Nadie llega jamás a la inmortalidad sino por el camino de la aflicción, y he aquí un gran motivo de consuelo para todo en nuestras penas
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No puede ser sino vanidad, lo que no sirve para la eternidad
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Las riquezas son verdaderas espinos; ellas punzan con mil espinos al adquirirlas, con muchas inquletudes conservándolas, con muchas disgustos gastándolas, y con muchas pesares perdiéndolas
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En mayor o menor medida todos perseguimos la amistad con Dios, pero únicamente las almas generosas -y, por supuesto, en muy diversos grados- penetran en la intimidad de Dios. ¡Qué diferencia a este respecto, entre un cristiano corriente, que vive en estad
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¿Quieres saber que es libertad? No ser esclavo de ninguna cosa, de ninguna necesidad, de ningún azar, reducir la fortuna a términos de equidad.
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Nadie llegó a sabio por casualidad.
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¿Quién ha tenido jamás valor para decirse la verdad? ¿Quién no se ha adulado a sí mismo cuando los demás le han alabado? Miramos con demasiada afición todo cuanto nos rodea y el favor que nos hacemos impide que nos juzgue¬mos con rectitud.
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En las discusiones prolongadas se pierde la verdad.