Así por sus altos fines dispone y permite el cielo que puedan mudar al hombre fortuna, poder y tiempo.
Frases célebres sobre: dar. [Página 103]
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¿Qué clase de mundo es éste que puede mandar máquinas a Marte y no hace nada para detener el asesinato de un ser humano?
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Serenidad. ¿Por qué has de enfadarte si enfadándote ofendes a Dios, molestas al prójimo, pasas tú mismo un mal rato...Y te has de desenfadar al fin?
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Yo no escribo para agradar ni tampoco para desagradar. Escribo para desasosegar
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La lealtad tiene como consecuencias la seguridad de andar por un camino recto, sin inestabilidades ni perturbaciones; y la de afirmarse en esta certidumbre: que existen el buen sentido y la dicha.
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Es preciso perdonar mucho para no olvidar nada
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Es preciso perdonar mucho, pero no olvidar nada.
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Todo se mostraba normal, y posiblemente lo fuera, aunque ocurre que, a raíz de un hecho extraordinario, todo lo habitual se vuelve extraordinario e innumerables delitos suelen quedar impunes a causa de un exceso de atención en esos falsos hechos extraordi
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El destino, el azar, los dioses, no suelen mandar grandes emisarios en caballo blanco, ni en el correo del Zar. El destino, en todas sus versiones, utiliza siempre heraldos humildes.
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¿Es la luna que canta al darte un beso, o el ruiseñor que estremecido trina al recibir los besos de la luna?
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Por muchos descubrimientos que hayamos hecho en el país del amor propio, siempre quedarán muchas tierras desconocidas.
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Nada sabéis si sólo sabéis mandar, reprender y corregir
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Cómo pretendes que otro guarde tu secreto si tú mismo, al confiárselo, no lo has sabido guardar.
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Es necesario tener tanta discreción para dar consejos como docilidad para recibirlos.
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A los viejos les gusta dar buenos consejos para consolarse de no poder dar malos ejemplos.
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Es una prueba de poca amistad no darse cuenta del retraimiento de la de nuestros amigos.
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La debilidad de carácter es el único defecto que no se puede enmendar.
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Parece como si la naturaleza, que tan sabiamente dispuso los órganos de nuestro cuerpo para hacernos felices, hubiera querido darnos también el orgullo para evitarnos el dolor de conocer nuestras imperfecciones.
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Los viejos se consuelan dando buenos consejos porque no pueden dar malos ejemplos.
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Lo que se llama liberalidad no es por lo regular sino la vanidad de dar, vanidad que preferimos a lo que regalamos.