Cuando el misterio es demasiado impresionante, es imposible desobedecer.
Frases célebres sobre: dem. [Página 153]
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Si al franquear una montaña en la dirección de una estrella, el viajero se deja absorber demasiado por los problemas de la escalada, se arriesga a olvidar cual es la estrella que lo guía.
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Para los vanidosos todos los demás hombres son admiradores.
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Lo único bueno de equivocarse es la alegría que produce a los demás.
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En la democracia occidental se goza de libertad a condición de no usarla.
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No existe la felicidad absoluta. La felicidad terrenal consiste en que la desgracia no nos visite con demasiada regularidad.
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Yo era libre, como tú, pero quería vivir demasiado. Mira, viento, mi cuerpo está frío y no hay a quién estrechar la mano...
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Mañana es el mote del diablo, el favorito refugio de la inepcia y la pereza, la sima que se traga los proyectos esbozados y las resoluciones demoradas
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No podemos llegar a sobresalir en el trabajo si no hacemos otra cosa que trabajar.
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El aire de solemnidad que tan fuertemente había caracterizado el conjunto, incluso en los días de su uso, se veía considerablemente aumentado por los bastiones y los muros demolidos a medias y por las tremendas masas de ruinas, diseminadas a su alrededor,
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Los sufrimientos de los demás, quienes quieran que fueran, despertaban de inmediato su compasión, disipando cualquier oscura nube que hubiera ocultado en su mente la bondad con la pasión o el prejuicio.
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Me traes extrañas historias, Annette -dijo Emily-; esta misma mañana me has atemorizado con las aprensiones del asesinato; y ahora ¡Tratas de persuadirme de que has visto un fantasma! Esas historias fantasiosas surgen demasiado deprisa.
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Hay personas que no podemos ver el alma, pero si sus cercanías
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Las mujeres desconfían demasiado de los hombres en general y muy poco en particular.
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El castaño está en flor de arriba abajo. Además, está lleno de hojas y se ve mucho más bonito que el año pasado
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Confesamos los defectos pequeños para persuadir a los demás que no los tenemos grandes.
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Mi Libertad termina donde empiezan los derechos de los demás.
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No olvidemos nunca que el terrorismo es, en el fondo, en su naturaleza maligna, una guerra psicológica.
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No me importa que la gente mire sus relojes cuando estoy hablando pero es excesivo que además los sacudan para asegurarse de que andan.
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Sólo puede entenderse la sociedad mediante el estudio de los mensajes y de las facilidades de comunicación de que ella dispone y, demás, que, en el futuro, desempeñaran un papel cada vez más preponderante los mensajes cursados entre hombres y máquinas, en